Las aplicaciones de la energía eólica se pueden clasificar según su ámbito, como aplicaciones centralizadas, caracterizadas por la producción de energía eléctrica en cantidades relativamente importantes, vertidas directamente a la red de distribución, o aplicaciones autónomas, dentro de las que cabe distinguir el uso
directo de la energía mecánica o su conversión en energía térmica o eléctrica.